PON TUS DEFENSAS A TRABAJAR

 

 

Cuidar el sistema inmunológico es esencial para dejar de temer a los virus.

 

 

Cuando miras alrededor y empiezas a ver personas invadidas por huestes de virus, el miedo se te mete en el cuerpo ligado a la pregunta: ¿el próximo seré yo? Ante una epidemia de gripe o un periodo con tendencia a la expansión del virus, la medicina alopática nos propone dos opciones: vacunarnos para que el virus no entre y, si entra, antibióticos.

 

Sin embargo, un antibiótico no mata virus sino bacterias, de modo que es una herramienta ineficaz para el problema en cuestión y nociva para el cuerpo, ya que lo dejará aún más debilitado y a merced de otros patógenos.

 

Desde el punto de la medicina complementaria, este tema se aborda de una manera diferente: no es ir contra el atacante, es crear un sistema defensivo fuerte y poderoso, de modo que el atacante no pueda entrar y, si entra, se acabe con él en cuestión de horas. El punto de partida es el opuesto, ya que en lugar de ir contra el virus, vamos a favor del sistema. La opción alópata nos debilita, la segunda nos fortalece. Tanto si eres de un bando como de otro, lo que vas a leer tiene una importancia vital para ti.

 

Para prevenir…

El sistema inmunológico reside en un 90% en el intestino, así que todo lo que cuida tu intestino, cuida a tus ejércitos. Ellos necesitan probióticos (están en los alimentos fermentados) y prebióticos (fundamentalmente las verduras).

Tus soldados también necesitan antioxidantes para poder luchar contra la oxidación excesiva que los debilita. Por ello, elige frutas y verduras de colores distintos, haciendo especial hincapié en las de color naranja y morado. Son verduras de invierno la lombarda, la cebolla morada y la calabaza, por ejemplo.

No está de más tomar algún complemento. A mí me encantan los de la colmena: el polen y la miel son buenos aliados.

 

 

Para curar…

Si detectas que te ha entrado frío o empiezas a tener síntomas de gran cansancio o malestar general, en ese momento toma cobre. Puedes encontrarlo en gotas. Es algo a tener el botiquín natural de casa o del trabajo. También es importante llevarlo de viaje, ya que evita muchos disgustos.

Los días siguientes, el propóleo será tu gran aliado. Es un potente antibiótico natural que fabrican las abejas para proteger su colmena de patógenos indeseables. Esta sustancia resinosa no es especialmente deliciosa ni mucho menos, pero es una ayuda fantástica. Puedes encontrarla en gotas, spray, cápsulas, pastillas y caramelos. Busca siempre la pureza.

La gran dama de las plantas a favor del sistema inmunológico es la bella equinácea. Sus flores se parecen a una margarita de color rosa. Además de bella, es valiosa y puedes encontrarla en distintas variedades también: gotas, pastillas, jarabes, caramelos, etc. Es apta también para los más pequeños.

Los aceites esenciales también te pueden ayudar. Una gota de aceite de limón bajo las orejas, mantendrá alejados a los virus. Si hay congestión, aceite de menta en la planta de los pies y en el pecho.

Un buen plan preventivo y curativo…

Puedes empezar tu día tomando un vasito de agua templada con el zumo de medio limón. A mediodía, toma una parte de alimentos crudos (lechuga con remolacha, aguacate con cebolleta o ensalada de rúcula con champiñón en rodajas, son solo algunas sugerencias) y por la noche que no falte la verdura en tu mesa. Las sopas y purés son ideales para esta época del año: crema de calabaza y puerro con nuez moscada; sopa de puerro, patata y zanahoria –sencilla y al mismo tiempo deliciosa- o sopa de apio, puerro, calabaza y comino. Si a cualquiera de ellas le pones una cucharadita de miso, enriquecerás su sabor y también su efecto prebiótico.

A los virus no hay que tenerles miedo, está en nuestra mano tener hábitos que nos mantengan fuertes. Aunque a veces, cuando necesitamos descansar, dormir y estar tranquilos y no somos capaces de permitírnoslo, los virus se nos cuelan cual hada madrina que nos concede ese deseo y nos regala unos días de cama y casa. En ese caso, acéptalos con humor y paciencia y aplícate las recetas expuestas. Confía en el poder auto-curativo de tu cuerpo y mímate.

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