Según un estudio reciente publicado por las Universidades Ben-Gurion (Israel)  y la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur), los edulcorantes artificiales o “azúcares artificiales” aprobados por la Unión Europea, son tóxicos para nuestra flora intestinal, es decir, dañan a nuestras bacterias amigas, y en tan solo dos semanas.

En concreto, los que han estudiado estas universidades son:

– Acesulfamo potásico (E950)

– Aspartamo (E951)

– Sacarina (E954)

– Sucralosa (E955)

– Neotame (E961)

– Advantame (E969)


La ventaja de estos “azúcares”  sintéticos es que tienen un alto poder endulzante y sin embargo, no aportan calorías. Más allá de que podamos tenerlos en casa y añadirlos al café o al té, podemos encontrarlos en grandes cantidades en productos alimenticios y bebidas,  pero está en tela de juicio su seguridad para los seres humanos.  Se ha establecido un vínculo entre el consumo de edulcorantes artificiales y el desarrollo de cánceres (la sacarina se relacionó con esta enfermedad en los años 70, cuando se vio que producía tumores en ratones), trastornos metabólicos como la diabetes tipo 2, el aumento de peso y una alteración de la actividad de la microbiota intestinal.

Los investigadores israelíes y de Singapur han realizado un estudio in vitro. Cada uno de los seis edulcorantes artificiales se colocó en presencia de algunas bacterias beneficiosas  comunes en el tracto digestivo, modificadas genéticamente para emitir luz en presencia de sustancias tóxicas. Cuando las bacterias entraron en contacto con los edulcorantes, se midieron las señales luminiscentes producidas y el crecimiento bacteriano.  Ahí es cuando pudieron comprobar cómo en tan solo dos semanas, las bacterias amigas resultaban dañadas.

Un importante estudio publicado en la revista Nature encabezado el Instituto Weizmann de Revohot, Israel, apuntó la relación de los edulcorantes artificiales con posibles efectos adversos como la intolerancia a la glucosa y el síndrome metabólico.  Hicieron 3 grupos de ratones a los que administraban agua y sacarina, agua y sucralosa, agua y aspartamo. En la semana 11 todos los ratones tendían a mostrar intolerancia a la glucosa, factor que suele considerarse como una de las primeras fases hacia el desarrollo de la diabetes. Esta tendencia fue mayor en el grupo de la sacarina. El experimento se repitió con diferentes tipos de ratones y varias dosis de edulcorantes, obteniendo los mismos resultados.

El estudio avanzó con la transferencia de microbiota de estos ratones que consumían edulcorantes artificiales a ratones que no lo hacían, provocando la transmisión de la intolerancia a la glucosa. Este hecho, fue interpretado por los autores como una prueba concluyente de que los cambios en las bacterias intestinales eran los responsables de los efectos nocivos para el metabolismo. Aunque se desconozca el proceso exacto, los productos producidos por algunas bacterias podrían aumentar la producción de glucosa en el organismo e incrementar así la glucosa en sangre.

Y en los humanos, ¿ocurrirá lo mismo?

Otro equipo  de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Adelaide (Australia) realizó otro experimento. Reclutaron  un grupo de 29 sujetos no diabéticos con una edad promedio de 30 años. 15 voluntarios consumieron un placebo y 14 una combinación de píldoras que contenían 92 mg de sucralosa y 52 mg de acesulfamo (equivalente a un consumo diario de un litro y medio de refresco light durante dos semanas).  Realizaron análisis de heces antes y después de estos días para determinar qué géneros y especies de microorganismos estaban presentes en el intestino.

Los resultados fueron que los individuos del grupo que tomaba edulcorantes mostraban una modificación mayor de las bacterias presentes en sus heces con una reducción significativa de los géneros Eubacterium y Cylindroides, asociados con una buena salud. Las poblaciones de especies beneficiosas (especialmente las que fermentan alimentos en el tracto digestivo).

Los investigadores apuntan que ciertas bacterias de los intestinos de las personas que desarrollan intolerancia a la glucosa reaccionan a los edulcorantes artificiales secretando sustancias que luego producen respuestas inflamatorias similares a una «sobredosis de azúcar» y promueven cambios en el cuerpo para utilizarla. Se concluye que la sacarina modula directamente la composición y la función de la microbiota, induciendo disbiosis, lo que explica el fenotipo de la intolerancia a la glucosa.

Parece que con los edulcorantes queríamos evitar la obesidad,  y quizás estemos creando un problema metabólico más complicado. Es decir, que es peor el remedio que la enfermedad.

Debemos prestar especial atención a las bebidas light o cero, galletas y snacks 0% azúcares añadidos, yogures 0%, salsas light, etc. porque llevan un gran contenido de edulcorantes artificiales. También se han encontrado estos edulcorantes en productos farmacéuticos tales como suplementos o complementos.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Con qué endulzar?

Un buen hábito sería empezar a acostumbrarnos a los sabores más naturales, a que el café sepa a café, la leche a leche y las infusiones a hierbas. No obstante, si necesitamos poner algo, podría ser una pizca de panela o azúcar integral de caña (no azúcar moreno) o nuestra maravillosa miel. Si eres diabético, mejor acostumbrarte a tomar las bebidas sin endulzar.

Si vamos a hacer un postre, podemos usar dátiles machacados, zumo de manzana o plátano bien maduro. Aportarán sabor a nuestro dulce, además de nutrientes de calidad. En el caso de los diabéticos, podrían usar Xilitol (azúcar de abedul), como sustituto del azúcar.

Y, por supuesto, para todos (aunque siempre sin abusar), la estevia es una gran aliada. Pero eso sí, una buena estevia de calidad que puedas adquirir en el herbolario.