693702953
    OLYMPUS DIGITAL CAMERA

    Extracto del libro: “Dulce Revolución”, de Josep Pàmies:

    “Un señor uruguallo pasó por casa para pedirme una estevia. Me propuso un trato: a cambio, él me daría una “colombiana”.

    Abrió la mano dejándome ver un pequeño brote de una planta que no supe reconocer. Nosotros la llamamos colombiana, y en el Paraguay la usamos para curarnos el cáncer.

    Yo no daba crédito a lo que había oído.

    – ¿Allí os curáis el cáncer con una planta?, pregunté sin ocultar mi incredulidad.

    – Puedes creértelo. En mi país son muy pocos los que pueden pagar el dineral que cuesta un tratamiento con quimioterapia, así que hemos tirado del saber popular. Y te aseguro que los que usan la colombiana suelen estar mejor que los que son achicharrados con la quimio.

    Evidentemente, acepté el cambio. La planté en el invernadero, donde la veía crecer y comprobaba si se adaptaba bien al clima. Con esta planta no tuvimos problemas. En un par de meses ya medía entre diez y quince centímetros. Y así estaba el día que nos visitó Carles Esquerda, un ingeniero agrónomo que terminó haciendo una tesis sobre la estevia y que más tarde fue presidente de la Dulce Revolución.

    Paseando por el invernadero, le llamó a atención esa pequeña planta y me preguntó:

    • ¿Conoces las kalanchoe?
    • Un paraguayo me dijo que se llamaba “colombiana”.
    • Con la Kalanchoe daigremontiana, mi mujer se ha curado un cáncer de mama.

    De nuevo, me quedé con la boca abierta.

    – ¿Y cómo la conocisteis vosotros?, le pregunté.

    – Nos la recomendó un naturópata de Zaragoza que la había conocido en sus viajes a Hispanoamérica. Mi esposa y yo estábamos tan asustados con su enfermedad que decidimos probarlo. Un tiempo después, cuando fue el momento de operarla, se encontraron con que el tumor, que antes medía unos cuatro centímetros, se había convertido en un pequeño nódulo que no afectaba a los ganglios. Todos nos quedamos estupefactos con el resultado. ¡El cirujano no se lo podía creer!

    Me senté delante del ordenador y tecleé ese nombre tan curioso en el buscador.

    Las Kalanchoes son originarias de la isla africana de Madagascar. Los nativos esclavizados, que ya conocían su valor terapéutico, las llevaron a América.

    La “colombiana” es uno de los tres tipos de kalanchoe que son medicinales. Su nombre científico es Kalanchoe pinnata, aunque en América se la conoce por una serie de nombres muy llamativos como: yerba de bruja, prodigiosa, hoja del aire, siempreviva, ojaransín, hojerilla, etc. También se la conoce como “planta de Goethe”, ya que fue estudiada por este famoso botánico y poeta alemán.

    La variedad de la que me habló Carles Esquerda era la Kalanchoe daigremontiana (Bryophyllum daigremontianum). En Hispanoamérica la llaman aranto, madre de miles o kalanchoe mexicana. Se reproduce mediante cientos de pequeños tallos que le crecen en los extremos de las hojas y que caen y arraigan en el suelo cuando todavía son muy pequeños.

    Pueden utilizarse tanto externa como internamente. Tal como han demostrado diversas experiencias de cooperantes españoles en ONG en África, usada externamente (aplastando las hojas en forma de cataplasma o con su jugo) es antiinflamatoria, antihemorrágica, astringente y cicatrizante. Aplicándola de esta manera, se pueden tratar heridas profundas y gangrenación, infecciones, quemaduras e inflamaciones.

    Por otra parte, sus hojas pueden comerse en ensalada (30 gr. diarios de hoja fresca en dos tomas), en zumo fresco o en infusión (una infusión antes de cada comida principal). Sus propiedades, por increíble que pueda parecer, han demostrado ser efectivas en la remisión del cáncer, el reumatismo, la hipertensión, los cólicos renales, las diarreas e, incluso, en desórdenes psicológicos como la esquizofrenia o las crisis de pánico. Solo hay que buscar “kalanchoe” en la enciclopedia médica online PubMed (nota: en una búsqueda hecha hoy mismo, aparecen 1714 estudios) para comprobar la gran cantidad de estudios científicos que corroboran todas estas propiedades.

    Los kalanchoes son unas plantas tropicales que necesitan un ambiente cálido para sobrevivir, aunque no exigen demasiada luz. En Cataluña no aguantan las bajas temperaturas del invierno, por lo que hay que entrarlas dentro de casa durante los días más fríos. Esto también será beneficioso para nosotros ya que, al contrario que la gran mayoría de plantas, la kalanchoe limpia el aire. Se puede dormir tranquilamente con ella en la habitación ya que no consume oxígeno, sino que lo produce. Esto se debe a que es una planta acostumbrada a vivir en el desierto, donde se ve obligada a replegarse de día y realizar sus funciones vitales básicas durante la noche. Esta característica la convierte en una planta fantástica para tener en la habitación de los enfermos con afecciones respiratorias.

    Hoy en día estoy plenamente convencido del poder curativo de esta planta, pero al principio necesitaba comprobarlo, así que hice lo mismo que con la estevia: la regalé a todo el que quisiera experimentar sus propiedades.

    Enseguida viví un caso totalmente extraordinario con una mujer de un pueblo cercano. Se llamaba Antonia y había sido intervenida quince veces de diferentes cánceres y sometida a los correspondientes tratamientos de quimioterapia y radioterapia. Cuando su marido vino a vernos, ella ya estaba en fase terminal. El hombre había oído que teníamos kalanchoes y, a pesar de ser escéptico sobre la posibilidad de que esa planta ayudara a su esposa, quería intentarlo a la desesperada.

    Dos meses después, sonó el teléfono:

    • Hola, soy Antonia de Térmens.
    • Disculpa, Antonia, pero ahora mismo no sé quien eres.
    • Mi marido pasó por su casa hace unos meses y se llevó unas kalanchoes. ¡Tengo que deciros que funcionan! ¡Me encuentro mucho mejor!
    • Ostras qué bien. Pero ¿estás segura de que han sido las kalanchoes? ¿Te estabas tratando con quimioterapia en aquel momento?
    • No… Los médicos con daban ni un duro por mí. Sólo tomaba morfina para no sufrir tanto durante el poco tiempo que se suponía que me quedaba de vida. Pero, desde que empecé a tomar kalanchoe, he ido encontrándome mejor, y ahora ya me levanto y salgo a la calle a pasear.

    Desde la Dulce revolución no llegamos al extremo de recomendar que se rechace la quimioterapia, pero defendemos el derecho a decidir qué terapia se quiere utilizar para curarse”.

    Este texto es un extracto del libro “Una dulce revolución”, de Josep Pàmies.

    En Espacio Argenta disponemos de ejemplares de Kalanchoe daigremontiana para vender y de hoja fresca de cultivo propio y ecológico (la cantidad que tenemos es limitada).

    Share This

    Share this post with your friends!