693702953

    OPINIONES ESPACIO ARGENTA 

    Todo eso está muy bien, ¿pero que dicen nuestros clientes?

    ¿Cómo te podemos ayudar?

    Hace unos años comencé a engordar, no me daba cuenta pero mi barriga cada vez se parecía más a una ballena, sin embargo, no dejaba de comer mal: comida preparada, dulces, helados. Había temporadas que me entraban las ganas de cocinar y probar nuevos platos, entonces no paraba de comer. Mi colesterol estaba en el límite, mi cabeza me decía: “tienes que empezar a cuidarte” y mi cuerpo, sin embargo: “come, come” y eso que ni siquiera disfrutaba haciéndolo.

    Entonces decidí que para hacerle caso a mi cabeza tenía que buscar ayuda. Me apunté al curso Comer con el corazón. Allí Gema nos mostró las ventajas de la dieta alcalina y la ingesta del aloe vera. Salí decidido a poner en práctica las enseñanzas. Para asegurarme que seguía las instrucciones decidí contar de nuevo con Gema y lo que denomina Senda Romana. A lo largo de los meses las sesiones me ayudaron, no solamente a tener una buena relación con mi comida, también en todos los aspectos de mi vida.

    Siguiendo las indicaciones de Gema fui viendo como mi cuerpo cambiaba, lo hizo al ritmo que decidió, muy lento, apenas se percibía pero al llegar el primer aniversario de mi asistencia al curso Comer con el corazón había perdido doce kilos.

    Después de estos resultados solamente puedo decir: gracias, Gema.

    Gary González

    Periodista Radio 5 , Diversion Escena

    Me llamo Blanca González del Río. Tengo 46 años, soy enfermera y en el año 2009 me operaron de un tumor maligno en la mama derecha. Hace unos meses decidí hacer una serie de cambios en mi vida. Empecé a tomar todas las mañanas agua con limón y después zumo de aloe vera. He dejado de tomar café a diario, apenas tomo carne roja y he reducido los lácteos de mi dieta. Intento basar mi alimentación en productos vegetales. Desde entonces me siento fenomenal, llena de vitalidad, han mejorado mucho mis digestiones, mi piel está mucho mejor y apenas tengo dolores de cabeza. ¡Gracias, Gema!
    Blanca González del Río

    Enfermera

    Me encontraba mal. Hinchada, cansada, con taquicardias esporádicas sin venir a cuento…y emocionalmente de bajón.

    Todo empezó con una terrible necesidad de ordenar. Cajones, armarios, la cocina. Hacer grupos, seleccionar, tirar, dejar hueco… se convirtió durante un fin de semana en mi obsesión.

    Se acercaba semana santa, vacaciones, y buen tiempo. Y yo no quería saber nada del mundo, solo quería limpiar, ordenar… pero lo que dictaba mi mente, mi cuerpo no podía.

    Entonces hablé con mi coach Gema Martiz, que me empieza a conocer y que me sigue en todo lo que mi creatividad y mi cuerpo me dejan hacer de mí. Decidimos aprovechar las vacaciones y dedicarme a mí. Una dieta de siete días sería mi destino. Limpiarme para poder ver tantas cosas como vi, mi misión. Y la contemplación y el entendimiento serían mi camino.

    Comencé con ilusión y me leí todas las bondades de los oligoelementos, los aminoácidos, el aloe, la garcinia y el polen. Serían mis aliados para ayudarme a clarificar qué era lo que me estaba pasando.

    Así que os contaré cómo fue la experiencia…

    Marita Antoñanzas

    Testimonio de «Una madre Tortuga»

    Cuando te ocurre lo que me ha ocurrido a mí, casi nadie puede estar en mi lugar, solo quizás una madre, un padre, los hermanos y otras familias a las que les ha pasado lo mismo, que un hijo se vaya prematura y repentinamente al Cielo.

    El dolor que sientes es físico, duele el corazón y también el alma.

    Pero rebelarse a un dolor no sirve para nada. El problema es el sentido que le das a ese dolor, ahí es donde te lo juegas todo.

    Entender ese dolor, aunque no sirve de consuelo, solo se puede explicar dándose cuenta de que ese dolor es Amor.

     

    No muchos entienden que no tenemos control sobre nada y solo viendo la caducidad de las cosas presentes, los que tenemos fe, tenemos la certeza de la vida eterna.

     

    El dolor que sentimos es indescriptible y aceptarlo es muy difícil…, por eso sólo se puede continuar la vida con Amor, para sentir esa unión con mi hijo y no pensar equivocadamente que “me he separado de él”. Porque, aunque no le vea, sé que no hace falta estar en un lugar para existir en él.

    El Cielo y la Tierra están superpuestos, unidos. Solo hay que pedirlo, pedir esa Visión que nos permita verlo, descubrirlo.

     

    Es difícil, pero el Curso de Milagros me ha ayudado a no sufrir, a no ver este mundo como un sufrimiento real, a ver la belleza escondida en todo lo que me rodea.

    Podemos ser madres que, en vez de tener un corazón destrozado por el dolor, tengamos un corazón abierto a los demás. En vez de tomarnos la vida a la ligera, ahora nuestros hijos tienen una madre que aprecia cada momento del día. En vez de estar perdidas y sin rumbo, ahora tenemos un faro que nos guía e ilumina nuestro camino. En vez de dudar y tener miedo, confiamos en la vida y en Dios. Y así, un largo etcétera.

    Aceptar estos regalos cuesta. Entender que todo esto no es real no es fácil, pero el Curso me está ayudando a no desgastarme en intentar entender con la razón, a no ahogarme en preguntas que ahora no tienen respuesta, ya lo entenderemos más adelante…

    Dios tiene planes que a veces no entendemos, que nos están enseñando lecciones muy valiosas, regalos que con el tiempo podremos apreciar.

     

    Las madres que tenemos un hijo en el Cielo no tenemos miedo a morir, porque un pedacito de nosotras está allí. Ahora nos damos cuenta de que nuestra vida tiene un propósito, ser feliz y amar a los demás.

    Podemos sentir cosas que nadie más siente.

    Sabemos cosas que nadie más sabe.

    Somos unas desajustadas del mundo.

    Estamos en el mundo que hemos imaginado entre todos, pero un poco sin ser de este mundo.

    Tenemos el privilegio de ser acariciadas, solamente de vez en cuando, por nuestros hijos en el Cielo. Nos visitan y son ellos los que nos miman. Todavía me cuesta reconocer las “caricias del Cielo”, voy aprendiendo a hacerlo, a apreciar esas caricias poquito a poco, con pasitos de tortuga.

     

    Los que estamos todavía aquí, en la tierra, solo podemos mirar al Cielo con alegría, sabiendo que esto va de amar, porque ya tenemos un pie junto a esa puerta del Cielo, que nos han abierto nuestros hijos, y porque el Amor es lo único que existe y es real.

     

    Un Curso de Milagros me está enseñando a vivir esta nueva vida de otra manera, confiada, serena, sin miedo, en paz…

    Ofrecer un milagro por alguien es un acto de amor, un anhelo de unión con Dios y con el resto de Hijos de Dios. Ofrecer un milagro es confiar en la voluntad de Dios.

    Hace poco ofrecí un milagro por el padre de nuestro hijo, solté y puse en manos de Dios su vida. Yo no sabía cómo ayudarle, trataba de hacerlo sin éxito y finalmente me rendí, escuché lo que llevo meses leyendo en este libro y me di cuenta de que había aprendido más de lo que creía. Confié en que Dios siempre quiere lo mejor para nosotros y por eso fui capaz de descansar. Lo entregué y quise ver el milagro que Dios tenía para nosotros.

    Al relajarme y sentirme sostenida, todo ha empezado a colocarse. Mi marido ha comenzado, después de casi nueve meses, a ver la vida con ilusión, ha entendido que merece la pena vivir por él, por nuestro hijo en el Cielo. Creo que ahora piensa como yo, que todo lo bueno que vamos a hacer en esta vida lo vamos a hacer por él, por Amor.

    No hay nada como encontrar un espacio donde poder soltar los pensamientos de dolor y aceptar la sanación. Soltar el control y abrirnos a recibir la ayuda del amor.

     

    Espero y deseo que todas las personas que se acerquen al Curso de Milagros, de la mano de Gema y José Antonio, y de cualquier otro modo, encuentren la alegría y la paz que yo estoy encontrando.

    M.BdC perdió a un hijo, de forma inesperada, en edad adolescente

    ir a calendario